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  El brillo en un día gris

Era la tarde de un día frío, lluvioso y gris… Mientras manejaba su auto por la vía principal de la ciudad, Heraldo, un joven que transitaba por la calle en su carro, vio a una anciana cuyo vehículo estaba detenido a orilla de la acera. Estacionó su viejo Buick 98 delante del elegante BMW de la anciana. La señora dentro de su vehículo miró preocupada al hombre que se le acercaba…es que hacía más de una hora que estaba allí sin conseguir ayuda, pero, quien se aproximaba no tenía muy buen aspecto, podría tratarse de un delincuente. Más no había nada por hacer, estaba a su merced. Se veía pobre y hambriento. Heraldo se dio cuenta por el semblante que la anciana tenía, e intentó tranquilizarla: – “Vengo para ayudarla señora»- le dijo. » -Entre al auto así no se moja mientras yo veo qué puedo hacer. Solo se trataba de una pinchadura, pero para la anciana se trataba de una situación difícil. Aquel hombre empapado por la lluvia se metió bajo el auto buscando un lugar donde poner el gato hidráulico y en la maniobra, se lastimó varias veces los nudillos de sus dedos. Estaba apretando las últimas tuercas, cuando la señora bajó la ventana y comenzó a hablar con él. Le contó de donde venia, que tan sólo estaba de paso por ahí, y que no sabia como agradecerle. Heraldo sonreía mientras cerraba el baúl del coche guardando las herramientas. La anciana le preguntó cuánto le debía, pero él no quería dinero. Más bien pensaba que ayudar a alguien en necesidad era la mejor forma de pagar por las veces que a él, a su vez, lo habían ayudado. Así que le dijo a la anciana que, si quería pagarle, la mejor forma era que la próxima vez que viera a alguien en necesidad, y estuviera a su alcance el poder de asistirla, lo hiciera de manera desinteresada, y que entonces… «tan solo piense en mi…» Agregó despidiéndose. Heraldo esperó hasta que el auto se fuera. Había sido un día lluvioso, frío, gris y depresivo, pero se sintió bien, ayudar siempre le daba satisfacción. Entró al coche y se fue. Unos kilómetros más adelante la señora vio a su camino una pequeña cafetería. Pensó que sería muy bueno quitarse el frío con una taza de café caliente antes de continuar, así que se detuvo. Era un lugar pequeño, muy pobre y precario. Una cortés camarera se le acercó y le extendió una toalla de papel para que secara su cabello, empapado por la lluvia. Tenía un rostro agradable con una hermosa sonrisa. Aquel tipo de sonrisa que no se borra, aunque estuviera muchas horas de pie. La anciana notó que la camarera estaba embarazada. Y sin embargo esto no le hacia cambiar su simpática actitud. Pensó en cómo gente que tenía tan poco, era tan generosa con los extraños. Entonces se acordó de Heraldo… Al terminar su café, pagó con cien pesos. Cuando la muchacha regresó con el cambio vio que la señora se había ido. Intentó alcanzarla, pero al pasar notó en la mesa una servilleta de papel escrita junto a cuatro billetes de cien. Los ojos se le llenaron de lágrimas cuando leyó la nota: «Cuando tuve necesidad, alguien me ayudó como hoy te estoy ayudando. Si quieres pagarme, no dejes de asistir y ser bendición a otros como hoy lo hago con vos.

Seguí dando de tu amor y no permitas que nada rompa las bendiciones que sabes dar con tu actitud.» – ¿a noche, entrando la joven camarera en su casa, y mientras se preparaba, sentada al borde de su cama para acostarse y finalmente dormir, su mirada aún permanecía en un punto fijo pensando en lo que la anciana había hecho por ella… – ¿Cómo sabría ella las necesidades que tenían con su esposo, los problemas económicos que estaban pasando, y más ahora con la llegada de mi bebe? Acercándose suavemente hacia él, para no despertarlo, mientras lo besaba tiernamente, le susurró al oído… – «Feliz noche mi amor… hasta mañana, todo va a estar bien, te amo… Heraldo.»

Las buenas acciones en favor a los demás en sus momentos de crisis y necesidades será como el brillo en un día gris. Ayudar a alguien en necesidad es la mejor forma de pagar por las veces que a su vez nos han ayudado. Qué se iba a imaginar Heraldo que aquella anciana retornaría su favor, y justamente para con su esposa. Tarde o temprano, en alguna forma o medida, lo que hagamos es lo que sembramos en favor nuestro, donde la primera recompensa será el gozo, la satisfacción de ser de bendición a los demás. “[……] pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.» – Gálatas 6:7